
....En el extremo contrario se ubica el hedonista. Este sólo responde al llamado de los placeres. Para esta figura arquetípica el deseo no constituye en sí mismo un goce, puesto que sólo encuentra sentido en la consumación, por lo tanto se tranquiliza exclusivamente en la realización certiginosa,en la voracidad. Todo límite le parece una negación, cualquier control, interno o externo, una represión. El deseo lo inquieta. Necesita acabarlo, como si fuera una sensación de hambre que roe las entrañas. Debe consumar lo mas rápidamente posible el deseo, llegar al goce y reempezar, porque el placer es sólo la sombra del deseo. En efecto siempre será inconmensurable la distancia entre deseo y placer. Este último es la realización contingente de algo que se experimenta como absoluto.
El hedonista abomina del deseo, puesto que está totalmente volcado al goce,a la búsqueda de la suspensión del deseo,a la sociedad.
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